Esta receta de hoy, el potaje, o potaje de garbanzos como casi todo el mundo suele llamarla, o como la llamamos en mi tierra, la vega baja, potaje de verduras con arroz es una de esas comidas de las que hablan maravillas porque es pura dieta mediterránea.

Este es un plato riquísimo y barato y que además, antiguamente, en ciertas fechas del año era de obligada preparación. ¡Cuánta tontería había antes! Y es que cuando yo era pequeñíca, y hasta no hace mucho, los viernes de cuaresma y en especial el viernes santo se hacía la misma comida y a la que añadían mis tías un poco de bacalao y entonces se llamaba potaje de vigilia. Y es que en aquellos tiempos todos los viernes de cuaresma había que respetarlos y a nadie se le ocurría comer carne. Parece que el bacalao era la única forma de verdura del mar que los pobres nos podíamos permitir, como era salado no necesitaba de frigoríficos que para aquellos de vosotros que tenéis pocos años deberíais saber que no están ahí desde siempre. Los ricos, como además de dinero, solían tener estudios conocían otras verduras del mar como las gambas, que sí eran toleradas en la cuaresma.

Este plato es muy bueno, pero tiene dos caras y lo que no nos cuentan los partidarios del potaje (y que yo sí os lo contaré), es el peligro que tiene para la capa de ozono por aquello del metano que produce. Mi Joaquín que en la gloria esté era un plato que no toleraba bien.  O por ser más exacta los que no lo tolerábamos bien éramos los que estábamos a su lado.

Tiene el potaje de garbanzos, además de garbanzos, alubias y lentejas, lo que lo convierte en pura dinamita. Así que ya sabéis, si tenéis que volar en avión horas después de comerlo es fácil que no os dejen subir y os quedéis en tierra.

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